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CARACTERES DEL TENISTA AMATEUR COMPETITIVO

Cambios en la personalidad a partir de la práctica deportiva

Muchos tenistas comienzan como extrovertidos bien definidos, pero, lentamente, se van transformando en introvertidos según va mejorando el nivel de su juego.
Los cambios en la personalidad tienen lugar durante el transcurso de años en aquellos hombres y mujeres que realmente se afanan por progresar.
El que sea posible o no conocerse a sí mismo es cosa que se presta a discusión filosófica. Extroversión/introversión, casualidad/deliberación, tenacidad/serenidad son los factores clave. No hay en absoluto correlación entre coeficiente intelectual y grado de adquisición de los conocimientos puramente tenisticos.

Nerviosismo  

El nerviosismo es uno de los frutos de la ansiedad. En competencia, la mente debe estar completamente desprovista de dudas. El efecto psicológico es lo decisivo. La inhibición disminuye el esfuerzo. No ha de haber lugar para inhibiciones superfluas, fruto de una defectuosa preparación en el entrenamiento.
Sin embargo, pese a una preparación perfecta y una actitud ideal durante el partido, se puede, al fin y al cabo, perder.
La decepción es comprensible y la determinación esencial. El hecho incuestionable, aunque nos duela, es que el contrario es, en estos momentos, mejor jugador que uno. La determinación es necesaria para redoblar los esfuerzos en las practicas, y, especialmente, la calidad de estas practicas. Es la calidad del esfuerzo, más que la cantidad, lo que procura el progreso. La tenacidad es indispensable para realizar los ejercicios de entrenamiento que proporcionan los avances. La escrupulosidad descubre los golpes que son flojos y discurre los medios de corrección.
Deberá lograrse una aptitud firme para enfrentarse a uno mismo y aceptar, con resignación, la derrota. No significa aceptarla como un estado permanente, un hábito. Perder puede convertirse en un hábito, justamente como ganar.

¿Cuáles son los peores aspectos de una derrota?. Anotarlos y analizarlos; decidiendo después que acción se impone tomar para contrarrestar tales efectos.
Una vez enfrentados con lo peor, deberemos relegarlo todo a la trastienda de la mente y concentrarnos en su lugar en todas las cosas que pueden ayudarnos a derrotar al contrario.
Imaginémonos jugando y ganando. Montemos una clara imagen de la victoria. Ensayemos mentalmente los métodos, pues el ensayo mental es un camino trillado para el perfeccionamiento. Este esfuerzo mental debe ser ordenado, y no hay que ahorrar una aplicación intensa a pensar la forma en que la tarea debe ser realizada. Si se consigue, probablemente los comienzos engendrarán nerviosismo. Pero este nerviosismo no debe de ningún modo persistir.

Existen varias formas practicas de combatir el nerviosismo: controlar la respiración; inspirar prolongada y lentamente; retener el aire un segundo o dos y después espirar rápidamente. Tomarse el tiempo necesario entre los servicios mientras se lleva a cabo este ejercicio. Concentrar la mente en descubrir alguna faceta nueva del juego del oponente. Aparentar calma en todas las ocasiones aunque la procesión vaya por dentro. Todos acabamos siendo bastante la imagen que mostramos a los demás.  
Si estamos nerviosos, lo más probable es que nuestro adversario lo este tanto o más que nosotros. Los campeones difieren de los que no lo son en su aptitud para controlar estos nervios.
Respírese profundamente. Propongámonos relajarnos conscientemente. Pensemos en relajarnos. Cuando los acontecimientos son aterradores y la mente se paraliza, los nervios y el cuerpo deberán, si es necesario, trabajar casi independientemente de todo lo demás, y esto solo se conseguirá si la instrucción ha sido lo suficientemente prolongada e intensa.
Según sea la personalidad básica del tenista amateur competitivo, la forma que adopte su nerviosismo variará. Aceptemos que estaremos o estamos nerviosos, y entonces pensemos positivamente sobre la forma de imponernos al oponente.

 

Búsqueda de la perfección

Hay que ser un amante de la perfección, jamás satisfecho de actuaciones mediocres.

“Apremio auto-motivado de la culminación”: este factor hace su aparición fuertemente tan solo en una reducida proporción de personas, las cuales se sienten inducidas por esta fuerza interior a emprender cualquier tarea al límite de sus posibilidades.
No es un rasgo que reporte una gran felicidad.
Este “apremio de la culminación”, este afán de perfeccionarse, puede ser adquirido, al menos parcialmente, por aquellos que carecen de él.

La naturaleza nos ha dotado con una cuota de “apremio de la culminación” y una aptitud para alcanzar una cierta posición, pero somos también seres con libre albedrío. Por consiguiente, nuestra posición y cuota de “apremio de la culminación” no es inamovible de por vida. Podemos, si tenemos suficiente determinación y persistencia, mejorar ambos factores abstractos.

 

Afán de superación

La aptitud mental es, quizás, más nebulosa que la forma física y más difícil de medir. Demasiados partidos de torneo la debilitan indudablemente, mientras que demasiado pocos la desarrollan insuficientemente.

El mejoramiento de la mente, el cuerpo y la técnica reclama gran habilidad y considerable auto-disciplina. En particular, cabe buscar un equilibrio bien preciso entre torneos, entrenamientos y descanso -hay que mantener alta la moral!.

La voluntad y la auto-disciplina pueden hacer subir a una persona desde el puesto que piensa le ha sido asignado por la naturaleza, tal vez, permanentemente.
Los jugadores de tenis australianos son, considerados como grupo, unos grados estándar más tenaces que cualquier otro grupo étnico (Rod Laver, Roy Emerson, Tony Roche, Pat Cash, Patrick Rafter, Leyton Hewitt).

 

Confianza y voluntad de victoria

La confianza es un factor vital en el tenis. La duda es el peor enemigo de la confianza.
Ganar es, sobretodas las cosas, un estado mental.
Concentrar el afán de victoria en primer lugar es, a menudo, considerado indicador de poseer un buen suministro de “instinto asesino”.

Hechos y ficciones del “instinto asesino: H. J. Eysench

Suele decirse de algunos jugadores de tenis que no acabaron confirmando las esperanzas en ellos depositadas que carecían de “instinto asesino”. Existe realmente un “instinto asesino”?; es una cualidad deseable?; y de serlo, es susceptible de cultivarse?.

La característica principal de la persona que posee el “instinto asesino” es, presumiblemente, su impulso y su motivación excepcionalmente intensos por triunfar. Preguntémonos simplemente qué se sabe acerca de las relaciones entre impulso y éxito en cualquier tarea que requiera habilidad. La actuación esta en función del hábito, multiplicado por el impulso o la motivación. El hábito, en este contexto, significa la suma de aquellas habilidades que la persona adquirió en el pasado a través de asiduos ejercicios y entrenamientos. Estos hábitos pueden considerarse como dados una vez iniciado el partido, pues no es probable que puedan mejorarse en el breve periodo de tiempo que dura un encuentro. Por consiguiente, parece que la variable más importante de todas, dada una determinada serie de hábitos adquiridos a través de practicas anteriores, es la cuantía del impulso que interviene, y si la persona con “instinto asesino” esta ciertamente caracterizada por un impulso excepcionalmente intenso.

Ley Yerkes-Dodson

Esta ley consta de dos partes. En primer lugar, la actuación mejora con un aumento del impulso, pero solo hasta cierto punto; mas allá de este punto optimo, un incremento del impulso o motivación va acompañado de un declive en la actuación. En segundo lugar, cuanto más difícil es la tarea, más bajo es el nivel de impulso optimo. El nivel del impulso optimo en tenis es relativamente bajo, de forma que el “instinto asesino” constituirá un obstáculo antes que una ayuda.
Porqué la relación entre impulso y actuación es curvilínea y no recta?. En primer lugar, cualquier particular situación en la vida propende a requerir no simplemente un hábito, sino toda una serie de hábitos competitivos. 

Si el impulso no es muy potente, entonces el potencial de actuación de estos diversos hábitos no diferirá con demasiada amplitud y el jugador podrá hacer una razonable opción; sin embargo, si el impulso es muy poderoso, al multiplicarlo por un hábito muy fuerte produce una combinación que predomina demasiado sobre las restantes alternativas, tanto que hace difícil o imposible una opción apropiada y racional, y se ejecuta, precisamente, el golpe menos idóneo.

Otra razón para el declive en la actuación con afanes o impulsos muy elevados es la presencia de lo que denominamos “estímulos impulsores”.

Estímulos impulsores: incremento del ritmo cardiaco, emanación de adrenalina en el flujo sanguíneo, incremento de la tasa de respiraciones, desecación de los jugos gástricos. Estos “estímulos impulsores” estuvieron en otras épocas asociadas con la agresividad, el odio, y otras emociones similares, y, consiguientemente, tenderán a alentar hábitos apropiados a estas emociones. Pueden inducir a golpear la pelota furiosamente contra el oponente cuando un sutil “drop-shot” hubiera podido resultar mucho más efectivo.

El término “instinto asesino” implica un perfecto reconocimiento de este hecho; ¡los estímulos impulsores que estamos experimentando son precisamente aquellos que experimentaríamos si odiáramos a nuestro oponente y quisiéramos matarlo!. Matar al oponente es una cosa, derrotarlo jugando al tenis otra muy distinta; los hábitos apropiados para la primera de estas tareas son inadecuados para la segunda e interfieren con ella, de modo que la actuación se resiente.

Además de la debilidad, hay otras cosas envueltas en el tenis, tales como la persistencia, la resistencia y el simple esfuerzo físico. Estos factores son todos en parte dependientes de ciertas reacciones físicas del organismo, denominadas a veces “síndrome luchar o escapar”. El corazón palpita más deprisa, de este modo circula más oxigeno a través del cuerpo, y asciende el ritmo respiratorio por idéntica causa. La digestión se detiene con el fin de que la sangre este a disposición del cerebro y del resto del cuerpo. El “instinto asesino”nos hace una maquina más eficiente para la lucha desde el punto de vista de la potencia física y la resistencia, y esto podría ser una consideración importante en un partido que se prolongase a lo largo de 3 sets (2 horas).

El jugador con demasiado “instinto asesino” se vera desprovisto de sus golpes más hábiles y complejos, y estará distraído por hábitos que no vienen al caso. La fría maquina de calcular resultará más adecuada para hacer un optimo empleo de lo hábitos apropiados y jugar con más destreza, pero pueden marchitarse con el calor de una batalla prolongada. El punto optimo es probablemente un poderoso deseo de ganar, suficiente para producir alguna de las reacciones de “lucha o escape”, pero no en un grado que interfiera al despliegue de habilidades del orden más elevado. El “punto optimo de compromiso” diferirá, probablemente, de un tenista amateur respecto de otro.
 
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