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LA BELLEZA DEL TENIS (E.F.Moores)

David Foster Wallace , el gran escritor estadounidense que se suicido la semana pasada, agobiado por la depresión, fue campeón regional de tenis en su juventud y escribió, entre sus numerosos textos, uno de los artículos más bellos que puedan leerse sobre tenis. Su recuerdo sirve, por un lado, de homenaje póstumo a su autor y, del otro, para recordar que el tenis, lejos de una batalla sangrienta, es un deporte hermoso.

“Por razones que no se comprenden muy bien, los códigos de la guerra son mas seguros para la mayoría de nosotros que los del amor”, concede Wallace. “La belleza no es el objetivo de los deportes competitivos, pero la alta competencia es un escenario central de la belleza humana”. Wallace aclara que se refiere a un “particular tipo de belleza” que “podría ser llamada belleza kinestesica”, que “no tiene nada que ver con el sexo o normas culturales”, sino con “la reconciliación del ser humano con el hecho de tener un cuerpo”. Esa kinestesia, o lenguaje corporal, según Wallace, alcanza su máxima expresión en el gran Roger Federer. No por nada, el articulo, publicado en 2006 en The New York Magazine , lleva por titulo “Federer como experiencia religiosa”.

Allí se destaca lo que el autor denomina “ Momentos Federer ”. Esos que, tras un golpe increíble, “tu mandíbula se cae y tus ojos se salen de orbita y emites sonidos que hacen que tu esposa llegue desde otro cuarto para ver si esta todo bien”. Los “ Momentos Federer ” son más intensos –dice Wallace- si has jugado tenis lo suficiente como para entender la imposibilidad de lo que acabas de ver que ha hecho”.

La TV repite jugadas en cámara lenta, brinda primeros planos y ofrece otras ventajas, pero es “una ilusión de intimidad”. No nos da la mínima idea de la velocidad y la fuerza con que se ejecutan golpes tan precisos. Y, menos aun, sobre la inteligencia de Federer para crear ángulos. “La verdad es que el tenis por TV –dice Wallace- es al tenis real como lo es una película porno a sentir realmente el amor humano”.

Wallace contrapone el tenis de fuerza, biomecanizado, de maratonistas de playstation , al juego “elegante” de Federer. A su “inteligencia kinestesica”, esa “capacidad del organismo para determinar sus propios movimientos corporales”, a los que compara con otros grandes como Muhamad Ali, Michael Jordan y Diego Maradona. Movimientos raramente atléticos, pero que les permiten contar siempre con un tiempo más pleno para golpear o lanzar balones que parecen más grandes y hacerlo siempre de modo balanceado. “Criaturas de cuerpos de carne y hueso, pero de alguna forma etéreos”, resume Wallace. Su articulo casi no habla de Federer-persona. Para ello se recomienda otro formidable texto de Wallace: “Como Tracy Austin me rompió el corazón”, sobre la precoz tenista n*1 del mundo en 1980, con 17 anos, y rápidamente arruinada.

El articulo sobre Federer habla de tenis. Es un tratado sobre top-spin , comparación entre las viejas raquetas de madera y las nuevas de alta tecnología, y de la evolución del juego. Y destaca que no basta con decir que Federer es un jugador de “primera clase”. Sino que gana, ante todo, por “su inteligencia, su poder de anticipación, su sentido de la cancha, su habilidad para interpretar y manipular a sus rivales, para mezclar spins (efectos) y velocidades, para desorientar y disfrazar, para usar previsión táctica y visión periférica y amplitud kinestesica, en lugar de limitarse a un ritmo de rutina” y, finalmente, por “revelar los limites y las posibilidades del tenis masculino tal como se juega hoy día”. No es que Federer deseche el trabajo físico. Hace pesas. Y una vez dijo que “entre el talento y trabajar duro” eligió “trabajar duro”.

Aun así, dice Wallace, Federer demuestra que la velocidad y la potencia son apenas el “esqueleto” del tenis actual, no la carne. Y que sigue “silbando a Mozart en pleno concierto de Metallica”.

Respecto a Rafael Nadal, Wallace lo considera como la antitesis de Federer. Con su tenis de fondo de cancha, musculoso, marcial y de festejos extrovertidos.

Wallace escribió su extenso articulo luego de asistir a la final de Wimbledon que Federer gano ante Nadal en 2006. Tal vez, tras la victoria de Nadal ante Federer en Wimbledon 2008, Wallace habría podido escribir de modo más amplio sobre el español. Sobre esa tremenda fuerza de voluntad que, a despecho de su técnica inferior, le permite correr pelotas imposibles, ganarle a Federer en su superficie favorita y quitarle el n*1 al que, quizás, sea el n*1 de todos los tiempos. Con su sangre y temperamento latinos, aceptando siempre el tenis más rico del suizo, sin quejas ante una derrota y sin siquiera haber roto una raqueta en toda su carrera.

EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES (La Nación , 24/09/2008)


“No cabe duda que Wallace sabia mucho de tenis, mas allá de que uno desconozca cual era su verdadero nivel o categoría como jugador. Personalmente, me ha generado tremenda sorpresa y mucha satisfacción haber podido leer y aprender tenis a partir de las líneas que Wallace nos lego, exclusivamente, a todos los que amamos e interesa el “tenis real”.

Lo que considero fundamental en su ensayo es haber precisado con talento y categoría lo que hace del “tenis real” una experiencia religiosa (espiritual): la velocidad con la que juegan los profesionales y aquella con la que jugamos los amateurs. Por cierto, las diferencias son abismales. Y resulta importante destacarlo para saber, ciertamente, a que jugamos y a que nivel podemos aspirar como aficionados.

Asimismo, su “clase magistral” sobre los efectos - principalmente, top-spin- y sobre las diferencias entre las raquetas de madera y las actuales de titanium, carbono, kevlar, etc., y haber reconocido en la figura del tenista Iván Lendl-de quien era fanático durante la adolescencia- al autentico fundador del tenis moderno significa acreditar verdaderos conocimientos sobre la materia ... cuestión sobre la que se necesitaron casi 20 anos para arrojar luz sobre tamaño cruce histórico.

Finalmente, las diferencias manifiestas y ocultas entre el talento de Federer y la voluntad de Nadal, nuevamente, no dejan dudas sobre lo que podría llamarse –para este mundo naciente engendrado por la fusión entre el tenis y la literatura- el “milagro Wallace”.

(Comentarios – N. A. Sofronas)

 
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