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| Notas y Artículos | ||||
Cultura y filosofía; trabajo y deporte - (Nicolás Sofronas)
A lo largo de los volúmenes de las obras completas del filosofo español José Ortega y Gasset, podemos hallar varias alusiones al deporte que nos convocan hacia un estudio más sistemático sobre su filosofía acerca de esta moderna lúdica competitiva. No obstante, el aspecto más relevante con el que su metafísica puede contribuir a la resignificación del deporte y a la construcción del sentido de filosofía contemporánea del mismo, se encuentra expuesta en las “Lecciones V y VI” de su curso publico “¿Qué es filosofía?”, dictado el 26 de Abril de 1926 en la ciudad de Madrid. En dicho curso, presento su idea de la filosofía como “la ciencia de los deportistas”, en cuanto conserva del deporte el “buen humor y el riguroso cuidado”, descubre “el ser de las cosas” y ambas son “un ejercicio placentero y una ocupación aficionada”, ya que “todas las grandes obras humanas tienen una dimensión deportiva y del deporte conserva el limpio humor y el riguroso cuidado”. En virtud de ello, Ortega invita al espectador de la filosofía a acercarse mas a ella, no con la gravedad de dejarse convencer, sino con la seriedad de entrar a un “juego” cumpliendo sus reglas. En este pensador, “la misión ultima del intelecto será siempre cazar la esencia, es decir, el modo único de ser de cada realidad”. En dicho curso, Ortega distingue entre un cierto tipo de filosofía utilitarista, producto de la modernidad que busca estudiar “todo cuanto hay”, y propone superarla con la filosofía “irreductible a toda finalidad practica”. Bajo este contexto categórico, diferencia entre un hombre “biológico y utilitario” y otro hombre “lujoso y deportivo”. En el marco de referencia del deporte venatorio y su relación con el acto gratuito de la filosofía, Ortega compara el acto del pensamiento filosófico vital como “cazar la fiera según vive en la selva” y al pensamiento filosófico utilitarista como “el domador de circo que previamente la cloroformiza”. Citando al filosofo heleno Platón (siglo -IV), enfatiza que el acto teorético tiene un sentido lúdico, pues suscribe el sentido deportivo de la filosofía en cuanto deporte y filosofía son “ocupaciones felicitarias”, dado que el hombre las realiza sin la intención de satisfacer necesidades materiales y con el solo propósito de obtener placer. A las otras ocupaciones que el hombre hace por necesidad las denomina “ocupaciones forzosas”. Respecto del origen de ambas ocupaciones, Ortega fundamenta etnográficamente al demostrar que el trabajo como faena diaria y forzosa fue inicialmente un oficio de la mujer como agricultora, recolectora y ceramista; mientras que el varón se ocupo de la aventura, la empresa, el “discontinuo esfuerzo deportivo” y la filosofía. En este sentido, a la falta de curiosidad filosófica del hombre contemporáneo, Ortega sugiere “hacer de cada instante una vital intensidad posible”. Respecto de la satisfacción de la “frivolidad” en la filosofía, Ortega trae una anotación que aporta una valoración “vital”, tanto al acto filosófico como a la practica deportiva. Sostiene el filosofo que dentro del “hombre biológico y utilitario” existe un “hombre deportivo y lujoso” que hace filosofía como parte del juego ilusorio; en este sentido, ubica a quienes piensan la filosofía dentro del grupo de aquellas personas para “quienes la cosa superflua es la cosa necesaria”. El desinterés utilitario que subyace tanto en el deporte como en la filosofía son vistos por Ortega como un “don de generosidad que florece solo en las cimas de mayor altitud vital”; por ello, recomienda “no tomar la vida muy en serio sino con el temple del mismo espíritu que lleva a ejercitar un deporte y ocuparse de un juego”. El juego enérgico y el deporte son, entonces, esfuerzos opuestos al trabajo; sin imposición, espontáneos, lujosos, que se hacen por el simple gusto de hacerlos. Es desde allí, desde la jovialidad –es decir, desde la voluntad de “Jove”, el Zeus / Jupiter olímpico-, donde florece la cultura. Haciendo gala de su conocimiento del uso irónico que Platón hace de las palabras helenas paideia –“cultura”- y paidia –“juego”, “broma”, “jovialidad”-, propone, tanto al filosofo como al deportista, un “juego riguroso” puesto que “es en el juego en donde mas riguroso se muestra el ser humano”. Para Ortega, “este jovial rigor intelectual” corresponde a la teoría, es decir, a la filosofía; y la filosofía es el filosofar, y el filosofar es vivir, y vivir es como “jugar al tenis”, es un “modo de vida”. Ortega tenia conciencia de que estaba proponiendo una “nueva filosofía” –“vita nuova”-, una nueva ontología. La ontología –“modo de ser”- orteguiana busca el conocimiento del vivir como SER, porque se entiende que vida es lo que somos, lo que hacemos, lo que nos pasa, de lo cual nos damos cuenta, esto es, “verse a si mismo” y advertir lo que nos rodea. Sintéticamente, lo resume con la expresión “vivir es encontrarse en un mundo”. Conforme lo planteado, Ortega y Gasset ve la vida como una “excursión vital”, como un descenso al profundo ser de nuestra vida. De esta manera, vivir es decidir lo que vamos a ser, es futuro. Para Ortega, la vida es la primera categoría de esta nueva vida, de esta nueva ontología. Reafirma la idea con la expresión: “Filosofía es encontrarse ocupado con algo del mundo, con una finalidad, dentro de los limites y holgura de las circunstancias, el aquí y ahora, el presente”. En el ensayo titulado “Origen deportivo del Estado”, sostiene que en tiempos de las hordas primitivas, los muchachos de varias hordas, conducidos por lo que Ortega definió “instinto de coetaneidad y de contemporaneidad”, se asociaron con el fin de “raptar” o “cazar” a las muchachas de otras hordas –en este sentido, retoma el primer canto de “La Iliada” (Homero / siglo -XII) en el que la mujer se toma como “galardón” de los vencedores-. Atribuye a la mujer no solo el privilegio de ser motivo de “premio” sino, también, de ser considerada juez de meritos. Como consecuencia de esa empresa amorosa, se levanta una organización que requirió de una jerarquía de gobierno, ritos y fiestas; produjo la exogamia, la guerra, la organización autoritaria, la disciplina de entrenamiento del asceta, la ley, la asociación cultural, la fiesta de bailes enmascarados -Carnaval- y la sociedad secreta. Todas estas expresiones juntas y diferenciadas dieron origen a la “génesis irracional del Estado”: “No ha sido el obrero, ni el intelectual, ni el sacerdote -propiamente dicho-, ni el comerciante, quienes dieron origen al proceso político; ha sido la juventud masculina -interesada en feminidad y resuelta al combate-, fue el amante, el guerrero y el deportista”. El juego vigoroso y el deporte son, por consiguiente, el resultado de la decisión que el ser humano toma para “llenar” de sentido existencial su vida, que le ha sido “penosamente” arrojada vacía al mundo. El juego vigoroso y el deporte son, por consiguiente, ocupaciones a la que los humanos se dedican cuando se comprenden situados de manera vacía en un mundo penosamente difícil. Es, en ese instante, cuando el ser humano toma la decisión de ocuparse en algo que llene de sentido vital su existencia. Asegura Ortega que el oficio a que el varón se dedico para evadir la soledad, entre borracheras y la gran manducación, fue el deporte venatorio. Este nuevo fenómeno, el “fenómeno deportivo” –que comenzó a germinar desde principios del siglo XX y continua firme su floreciente proceso bien entrado el siglo XXI- produjo el triunfal retorno de lo corpóreo, que desde los tiempos de Teodosio (siglo III) vio paralizado su desarrollo: “Entramos en una fase de puerilidad ... la gravedad ha naufragado, el culto del cuerpo se intensifica y los valores de juventud triunfan sobre los de la senectud”. A pesar de ello, define al “deporte” como “la conducta que el hombre normalmente adopta durante los momentos breves en que la penosidad y las urgencias de la vida le han dejado de oprimir, y se dedica al entretenimiento, a un juego en el que juega aplicando al resto de vida, es decir, a lo serio y doloroso de la vida”. Ortega establece relación entre su visión “circunstancial” de la vida humana con la ocupación deportiva que, aunque “pueril”, “lujosa”, “perturbadora” y “escapista”, puede aplicarse a los contenidos de lucha con las situaciones difíciles de la vida en las que el ser humano se encuentra enfrentado. Entonces, el deporte es una paradoja existencial donde los humanos, por un lado, nos apartamos de aquellos momentos penosos de la vida y, por otro lado, buscamos resolver de manera lúdica tales “circunstancias”, llevando simultáneamente al juego, como contenido de ellos, los forcejeos frente a la vida. Por esta razón, le otorga al deporte la categoría de “lujo vital”. La lujosa practica deportiva, asumida por el prototipo ingles del “gentleman”, es entendida por Ortega, como un ideal posible de deportividad que se puede proponer a los países pobres del planeta. Cuando los humanos adquieren una imagen mas completa de las circunstancias de la vida real, tanto en la seguridad vital como en la tranquilidad espiritual, entonces puede darse la libre adhesión al juego de una manera gratuita, es decir, al “fair play”, cuyas consecuencias éticas las resume de la siguiente manera:
Las reflexiones filosóficas sobre el deporte pueden encontrar en el “perspectivismo” de Ortega y Gasset una categoría extendida del deporte relacionada con la vida, la existencia y el acto metafísico de la filosofía. Este filosofo contribuye con la contemporánea filosofía del deporte en tanto que construye un concepto del deporte considerado como una ocupación que llena de sentido la vida humana. El deporte industrial contemporáneo es un aspecto de la cultura consumista que cobra mucha importancia para la filosofía del deporte debido a razones de tipo ético, en temas relacionados con el medio ambiente, el medio social y el uso del cuerpo humano –es decir, en cuanto elementos contribuyentes a la construcción de una “bioética del deporte”-. La filosofía del deporte puede encontrar en Ortega y Gasset una justificación para resignificar el deporte heredado del paradigma industrial ingles y construir un nuevo tipo de lúdica competencial que se oriente hacia valores o contenidos culturales de tipo recreativo, saludables, cooperativos, espirituales, ecológicos, emancipatorios y autónomos, que, en verdad, permitan la reconstrucción del tejido social de nuestros pueblos latinoamericanos de economia descalza. Finalmente, que sea el filosofo español quien se reserve el privilegio y el honor de ilustrarnos con esta nueva visión: “Al trabajo se contrapone otro tipo de esfuerzo que no nace de una imposición, sino que es impulso libérrimo y generoso de la potencia vital: es el deporte. Si en el trabajo es la vitalidad de la obra quien da sentido y valor al esfuerzo, en el deporte es el esfuerzo espontáneo quien dignifica el resultado. Se trata de un esfuerzo lujoso, que se entrega a manos llenas sin esperanzas de recompensa, como un rebose de intimas energías. De aquí que la calidad del esfuerzo deportivo sea siempre egregia, exquisita. No es posible someterla a la unidad de peso y medida que rige la usual remuneración del trabajo. A las obras verdaderamente valiosas solo se llega por mediación de este anti-económico esfuerzo: la creación científica y artística, el heroísmo político y moral, la santidad religiosa son los sublimes resultados del deporte ... Pues bien: una vida que encuentra más interesante y valioso su propio ejercicio que esas finalidades antaño ceñidas de sin par prestigio, dará a su esfuerzo el aire jovial, generoso y algo burlón que es propio al deporte. Disminuirá en lo posible el gesto triste del trabajo que pretende justificarse con patéticas consideraciones sobre los deberes humanos y la sagrada labor de la cultura. Hará sus espléndidas creaciones como en broma y sin darles grande importancia. El poeta tratara su propio arte con la punta del pie, como un buen futbolista. El siglo XIX tiende de extremo a extremo un amargo gesto de día laborioso. Hoy, la gente joven parece dispuesta a dar a la vida un aspecto imperturbable de día feriado”. |
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