ORIGEN DEPORTIVO DEL ESTADO ( José Ortega y Gasset )
La verdad científica se caracteriza por su exactitud y el rigor de sus previsiones. Pero estas admirables calidades son conquistadas por la ciencia experimental a cambio de mantenerse en un plano de problemas secundarios, dejando intactas las ultimas, las decisivas cuestiones.
Pero la ciencia experimental es solo una exigua porción de la mente y el organismo humanos. Donde ella se para no se para el hombre.
El físico renuncia a buscar el primer principio del Universo, pero el hombre donde cada físico vive alojado no renuncia y, de grado o contra su albedrío, se le va el alma hacia esa primera y enigmática causa.
Vivir es, de cierto, tratar con el mundo, dirigirse a el, actuar en el, ocuparse de el. ¿Cómo se puede vivir sordo a las postreras, dramáticas preguntas?; ¿de donde viene el mundo, adonde va?; ¿cuál es la potencia definitiva del cosmos?; ¿cuál el sentido esencial de la vida?.
Aun insolubles, seguirán esas interrogaciones alzándose patéticas en la comba faz nocturna y haciéndonos sus guiños de estrella.
No nos es dado renunciar a la adopción de posiciones ante los temas últimos: queramos o no, se incorporan en nosotros.
En el siglo XIX, se fraguo una interpretación utilitaria del fenómeno vital. Según ella, la actividad primaria de la vida consistiría en responder a exigencias ineludibles, en satisfacer necesidades imperiosas.
Pero, las recientes investigaciones históricas (1924) proponen una idea distinta de la vida. Según ella, todos los actos utilitarios y adaptativos, todo lo que es reacción a premiosas necesidades, son vida secundaria. La actividad original y primera de la vida es siempre espontánea, lujosa, de intención superflua, es libre expansión de una energía preexistente. No consiste en salir al paso de una necesidad, no es un movimiento forzado o tropismo, sino, mas bien, la liberal ocurrencia, el imprevisible apetito.
De esta manera, el repertorio de hábitos útiles que cada especie posee se ha formado mediante selección y aprovechamiento de innumerables actos inútiles que, por exuberancia vital, ha ido ejecutando el ser viviente.
Podemos distribuir los fenómenos orgánicos –animales y humanos- en dos grandes formas de actividad: una actividad originaria, creadora, vital por excelencia –que es espontánea y desinteresada-; y otra actividad, en que se aprovecha y mecaniza aquella –que es de carácter utilitario-.
La utilidad no crea, no inventa, simplemente aprovecha y estabiliza lo que, sin ella, fue creado.
Atendiendo solo a las acciones, la vida plena nos aparece siempre como un esfuerzo; pero este esfuerzo es de dos clases: el esfuerzo que hacemos por la simple delectación de hacerlo; y el esfuerzo obligado a que una necesidad impuesta, y no inventada o solicitada por nosotros, nos apura y arrastra.
Como este esfuerzo obligado, en que estrictamente satisfacemos una necesidad, tiene su ejemplo máximo en lo que suele el hombre llamar trabajo , así aquella clase de esfuerzos superfluos encuentra su ejemplo mas claro en el deporte.
Transmutamos la inveterada jerarquía y consideramos la actividad deportiva como la primaria y creadora, como la mas elevada, seria e importante en la vida; y la actividad laboriosa como derivada de aquella, como su mera decantación y precipitado.
Es mas, vida –propiamente hablando- es solo la de cariz deportivo; lo otro es, relativamente, mecanización y mero funcionamiento.
En todo proceso vital, lo primario, el punto de partida, es una energía de sentido superfluo y libérrimo, lo mismo en la vida corporal que en la vida histórica. Al hacer la historia de toda existencia viviente hallaremos siempre que la vida fue, primero, una prodiga invención de posibilidades y, luego, una selección entre ellas, que se fijan y solidifican en hábitos utilitarios. En consecuencia, nuestro destino individual ha consistido en la selección que las circunstancias afectivas han ido ejecutando entre las posibilidades personales. El individuo que a lo largo de nuestra vida llegamos a ser es solo uno de los varios o muchos que pudimos ser y que quedaron sin realizar, como bajas lamentables de nuestro ejercito interior. Por eso, importa mucho que penetremos en la existencia muy ricos en posibilidades, a fin de que luego la poda fatal –que es el destino- deje siempre en nosotros potencias invulneradas y robustas.
Esta abundancia de posibilidades es el síntoma mas característico de vida pujante, así como en el utilitarismo el atenerse a lo estrictamente necesario, ilustrado en la imagen del enfermo que ahorra movimientos, es el síntoma de debilidad y vida menguante.
Depende, pues, el acierto en la existencia de la riqueza de posibilidades con que avancemos por ella. Cada golpe que en ella recibamos debe ser solo un excitante para nuevos estímulos.
Lo mas necesario es lo superfluo; aquel que se contente con responder estrictamente a la necesidad que sobreviene será arrojado por ella. La vida ha triunfado sobre el planeta gracias a que, en vez de atenerse a la necesidad, la ha inundado, la ha anegado en exuberantes posibilidades, permitiendo que el fracaso de una sirva de puente para la victoria de otra.
Por esto, la palabra que mas sabor tiene para mi es incitación . Solo en Biología tiene este vocablo sentido; la Física la ignora, puesto que no es una cosa incitación para otra, sino solo su causa. La diferencia entre causa e incitación es que la causa produce solo un efecto proporcionado a ella; el efecto es igual a la causa.
¡Pobre la vida falta de elásticos resortes que la hagan pronta al ensayo y al brinco!, ¡triste vida la que inerte deja pasar los instantes sin exigir que las horas se acerquen vibrantes como espadas!. ¡Da pena cuando uno piensa que le ha tocado vivir en una etapa de inercia y recuerda los saltos de corcel o de tigre que, en sus tiempos mejores, fue la historia de mi vida!. ¿Dónde ha ido a parar aquella vitalidad?. ¿Espera bajo tierra vetusta alguna resurrección?.
La Biología se convencerá de que el secreto de la vida tiene que ser palpado, saliendo de este hecho tan evidente como desatendido: la inevitabilidad de la muerte.
Una de las fuerzas decisivas en el alma del adolescente, que no hace sino aumentarse en plena juventud, es el apetito de convivir con otros muchachos de su edad. Se quiebra el aislamiento de la primera infancia y la personalidad del muchacho se derrama por completo en el grupo coetáneo. Se halla absorbido por la personalidad anónima del grupo, que piensa y siente en su lugar. Durante la adolescencia y la juventud, el hombre –con la individualidad aun no formada-, vive sumergido en el enjambre muchachil que vaga indiviso, inseparable, donde los vientos lo empujan sobre el vergel de la existencia. Este apetito soberanamente sociable es el instinto de coetaneidad .
Parece la historia humana avanzar según un doble ritmo: el ritmo de edades y el ritmo de sexos .
Si investigamos que forma de sociedad aparece inmediatamente después de la forma informe denominada horda , nos encontramos con una sociedad dotada ya de un comienzo de organización. El principio de esta organización es, sencillamente, la edad.
La horda se ha convertido en tribu . Las tribus primitivas aparecen divididas en tres (3) clases sociales: la de los hombres maduros, la de los jóvenes y la de los viejos. No existe aun la familia.
Conste, pues, que la primera organización social no divide al grupo en familias, sino en clase de edad . De estas tres (3) edades, la que predomina por su poder y autoridad, la que manda y decide, no es la de los hombres maduros sino la de los jóvenes. Es esta la única que existe, y mil datos muestran que originalmente la única clase organizada fue la juvenil. ¿Qué ha acontecido en ese transito de la horda informe a la tribu organizada?.
“Las hordas vagaban años y años sin tropezarse unas con otras; el numero de individuos de la especie humana era en todo el planeta muy reducido. Pero hubo, evidentemente, una época de enorme proliferación que densifica la población. Las hordas viven cerca unas de otras. Este aumento de población es síntoma de una mayor vitalidad en la especie, de un desarrollo y perfeccionamiento en sus facultades.
Y acaece que los muchachos de dos o tres hordas próximas, impulsados por ese instinto de sociabilidad coetánea, deciden juntarse, vivir en común. Claro que no para permanecer inactivos; el joven es sociable, pero a la par es hazañoso, necesita acometer empresas. Indefectiblemente, entre ellos surge un temperamento, o mas imaginativo, o mas audaz, o mas diestro, que propone la gran osadía. Sienten todos, sin que sepan porque, un extraño y misterioso asco hacia las mujeres parientes consanguíneas con quienes viven en la horda -hacia las mujeres conocidas-, y un apetito de imaginación hacia las otras mujeres, las no vistas o solo entrevistas –las desconocidas-.
Y entonces ha lugar una de las acciones mas geniales de la historia humana, de que han irradiado mas gigantescas consecuencias: deciden robar las mozas de hordas lejanas. Pero esto no es empresa suave: las hordas no toleran impunemente la sustracción de sus mujeres. Para robarlas hay que combatir, y nace la guerra como medio al servicio del amor. Pero la guerra suscita un jefe y requiere una disciplina; con la guerra que el amor inspiro surge la autoridad, la ley y la estructura social. Pero unidad de jefe y disciplina trae consigo y, a la vez, fomenta la unidad de espíritu, la preocupación en común por todos los grandes problemas. Y, en efecto, en estas asociaciones de muchachos comienza el culto a los poderes mágicos, las ceremonias y los ritos.
La vida en común inspira la idea de construir un albergue estable y capaz, que no sea la guarida transitoria o la simple pantalla contra el viento. Y así ocurre que la primera casa que el hombre edifica no es la casa de la familia, aun inexistente, sino el casino de los jóvenes. En ella preparan sus expediciones, cumplen sus ritos; en ella se dedican al canto, a la bebida y al frenético banquete común. Es decir, que el club es, quiérase o no, mas antiguo que el hogar domestico, como el casino que la casa.
Esta prohibido, so pena mortal, a los hombres maduros, mujeres y niños entrar en el casino varonil, que, por sus formas subsecuentes, llaman los etnólogos la casa de los solteros . Todo es en ella misterioso, secreto y tabú. Porque es un hecho sorprendente que estas primitivas asociaciones juveniles suelen tener el carácter de sociedades secretas, de férrea disciplina interna, donde se cultivan las destrezas vitales de la caza y la guerra con un severo entrenamiento. Es decir, que la asociación política originaria es la sociedad secreta y que, si sirve para el placer y la bebida, es, al propio tiempo, el lugar donde se ejercita el primer ascetismo religioso y atlético. Recuérdese que la mas exacta traducción del vocablo ascetismo es ejercicio de entrenamiento , y los monjes no han hecho sino tomarlo del vocabulario deportivo usado por los atletas griegos (helenos). Askesis era el régimen de vida del atleta, llena de ejercicios y privaciones . De donde resulta que el casino de los jóvenes, primera casa y primer club placentero, es también el primer cuartel y el primer convento.
Las divinidades son divinidades de cazador: los animales, y su culto tiene carácter orgiástico y mágico. Se conquista la benevolencia del poder animal trascendente imitándole en su figura y en gestos rituales que se convierten en brincos y danzas frenéticas. Hay días solemnes en que el enjambre juvenil se cubre con mascaras horridas, que fingen rostros de animal, y sale por los campos danzando con frenesí, dando al aire un trozo de madera que, girando al extremo de una cuerda, produce un sonido mágico, al oír el cual las mujeres y niños huyen, porque les esta vedado ver el fantástico tropel de danzarines que, en fiesta embriagadora, parten para una razzia o en busca de mozas lejanas . El traje de guerra es el mismo que el traje de fiesta: la mascara. Y fiesta, caza y guerra permanecieron mucho tiempo indiferenciadas; por eso, casi todas las danzas primitivas son la estilización de gestos venatorios o beligerantes ”
La primera sociedad humana, propiamente tal, es todo lo contrario a una reacción por necesidades impuestas. La primera sociedad es esta asociación de jóvenes para robar mujeres extrañas al grupo consanguíneo y dar cima a toda suerte de bárbaras hazañas. Mas que un Parlamento o Gobierno de severos magistrados, se parece a un Athletic Club , es decir, el origen deportivo del Estado.
Lo que en épocas pulidas de decadencia y romanticismo va a ser el soñar con la princesa lejana fue, en giro tosco y primitivo, el incitante para tan magnificas creaciones. En el se origina la exogamia, es decir, la ley primera matrimonial, que obliga a buscar esposa fuera de los consanguíneos.
Fue el robo, el rapto, el primer matrimonio, del que quedan residuos y huellas simbólicas en muchas formas posteriores de la ceremonia conyugal; y hasta el vocabulario amoroso llama arrebato al rapto, al impetuoso empuje del sentimiento erótico .
El club de jóvenes inicia en la historia lo siguiente: 1) exogamia, 2) guerra, 3) organización autoritaria, 4) ascética o disciplina de entrenamiento, 5) ley, 6) asociación cultural, 7) carnaval o festival de danzas, y 8) sociedad secreta.
Y todo ello, junto e indiferenciado, la génesis histórica e irracional del Estado.
En todo origen se halla instalada la gracia y no la utilidad.
Esta época, en que predomino sin trabas ni freno la gresca juvenil, fue tiempo duro y cruel. Era preciso que el resto de la masa social procurase su defensa frente a las asociaciones bélicas y políticas de los mozos. Entonces, se organiza frente a ella la asociación de los viejos: el Senado. La mujer busca la protección de sus hermanos y hermanos de su madre, y se hace centro de un grupo social opuesto al club de varones: es la primera Familia, la familia matriarcal, de origen reactivo, defensivo y opuesto al Estado.
El principio de coetaneidad forceja, desde entonces en la historia, con el principio de consanguinidad ; cuando triunfa el uno se deprime el otro, y viceversa.
En el origen del Estado se presenta un ejemplo de la fecundidad creadora residente en la potencia deportiva. No ha sido el obrero, ni el intelectual, ni el sacerdote, ni el comerciante quien inicia el gran proceso político; ha sido la juventud, preocupada de feminidad y resuelta al combate; ha sido el amador, el guerrero y el deportista. Dondequiera que presenciamos la incorporación verdaderamente originaria de un organismo político, dondequiera que entrevemos el nacimiento de un Estado, hallamos la presencia del club juvenil, que danza y combate.
Los historiadores de Grecia y Roma no saben que hacer con el estrato mas profundo, mas arcaico, de instituciones que encuentran en las ciudades helénicas y latinas.
Respecto de Grecia, estas instituciones se llaman: file , fratría , hetairia .
File significa tribu , pero no comunidad de consanguíneos, sino como cuerpo organizado de guerreros.
Fratría significa hermandad , que no es mas que la clase de edad de los jóvenes, organizada en asociación de fiesta y guerra.
Hetairia significa compañía , cuyo nombre indica –claramente- el principio asociativo de sociedad secreta, que reúne en torno a un jefe a los varones mozos; aquellos que siguen a uno lealmente, los secuaces .
La gente ática era demasiado inteligente, y la agudeza mental es una sublime inquietud y como una neurastenia maravillosa, que deshace fácilmente el organismo. Por eso, en Atenas, todo lo tradicional se borro pronto, y el cuerpo social entra en un proceso de reformas utópicas que acaban por aniquilarlo. Por esta razón, quedan en el Ática tan escasos residuos de la organización primitiva.
Esparta, por el contrario, piensa menos y vive mas reciamente. Allí encontramos las fratrías en pleno vigor, bajo la especie de organización militar. Los guerreros viven juntos y aparte de sus familias; la solidaridad de su asociación cultural y bélica se simboliza en las famosas cenas, donde se tomaba la sopa negra , que era un manjar ritual.
Si un exceso de agudeza e inquietud intelectual descompone el Estado, llega este a su mayor solidez y perduración cuando un pueblo moderadamente inteligente posee cierto extraño y nativo don de mando. Este fue el caso de Roma, como hoy (1924) lo es de Inglaterra. Y, notable semejanza, ambos son pueblos que se caracterizan por su maniática conservación del pasado.
En el subsuelo de la estructura política romana hallamos residuos vetustísimos de sus instituciones primitivas. Estas instituciones se conservaron siempre en Roma como instituciones religiosas, no porque lo fueran propia y exclusivamente, sino porque toda institución arcaica que ha perdido la actualidad de sus otras intervenciones tiende a conservarse como fenómeno religioso. Todo lo vetusto que ya no se entiende se carga de electricidad mística y se hace religioso.
La división mas antigua del Estado romano es la curia , y que a la hora en que vemos aquel bajo una plena luz de historia, las curias no son ya mas que asociaciones de piedad patriótica, en que se rinde culto a las divinidades tutelares de la ciudad.
Junto a las curias , las mas antiguas instituciones romanas son los colegios y sodalidades o compañía de sacerdotes . Asimismo, los colegios de pontífices y augures tienen mucho que ver con la tesis del origen deportivo del Estado.
Entre ellas, la corporación de los sacerdotes llamados salii suscitaba ya en el romano del siglo II A.C. una impresión mixta de respeto y comicidad. Como casi todas las instituciones primarias de Roma, poseía una estructura dual, formada por dos cuerpos de doce miembros cada uno. Estaba consagrada al dios Marte –dios latino-, que simboliza a un tiempo la guerra, la agricultura y el pastoreo. En ciertas fechas, sobretodo en la de Marte, celebraban los salios sus procesiones en las cuales danzaban una primitiva danza bélica. Por ello su nombre salii , que significa saltar , danzar . El jefe de cada uno de los cuerpos se llamaba prae-sul , que significa el que baila adelante .
Encontramos en esta sociedad de los danzadores guerreros todos los síntomas del primitivo club juvenil. Y lo hallamos todo ello unido a la fundación de la sociedad, es decir, del Estado romano. Sus procesiones eran el centro de un gran festival urbano, que tomaba cariz orgiástico, del mismo sesgo que la fiesta de las lupercales , que es –en parte- la raíz de nuestro Carnaval. La lupercal es la fiesta de la loba , tótem urbano de Roma, en la que unos ciudadanos se disfrazaban con pieles de lobo, mientras otros, vestidos de pastores, los perseguían.
Cuando Roma destrona a sus reyes –que eran etruscos y significaban la dominación extranjera-, los romanos quieren retornar a sus instituciones primitivas y se organizan en Republica. Al frente de esta, como máximos magistrados y suprema representación del Estado, aparecen súbitamente -sin que se sepa de donde procedían ni la esencia ni el nombre-, dos (2) cónsules. ¿Qué son estos cónsules?. Cónsules significa los que danzan juntos , es decir, los dos (2) prae-sules o jefes de los jóvenes guerreros y danzarines , que convivían en la asociación varonil. Su casa y solidaridad se llamo curia , curia-coviria , es decir, co-varonia , reunión de hombres jóvenes .
Bajo la especie decaída de la corporación salia hallamos la supervivencia de los primitivos clubs juveniles, fundadores del Estado romano.
Se enlaza con la instauración de la ciudad la leyenda del rapto de las sabinas como una de las primeras hazañas realizadas por Rómulo y sus compañeros.
En los ritos matrimoniales de Roma perduro la huella del rapto originario, ya que la esposa, al ingresar en la casa de su marido, no lo hacia de pie, sino que este la tomaba en vilo, a fin de que no pisase el umbral, simbolizando así que había sido arrebatada. |